Cursilería
Tan sólo quería tener un lindo detalle con ella; romántico, significativo…
-¡Cursi! – Ginny no puede eludir las muy sonoras carcajadas que salen desde lo más profundo de ella. Su risa resuena fuertemente contra las paredes de la sala común, llamando la atención de los pocos alumnos que quedan en el lugar.
Y él se siente enrojecer en ese momento, con una rosa roja en la mano derecha, y un estúpido poema en la izquierda. El peluche que había tardado en elegir para comprarlo se tambalea en el regazo de Ginevra debido a la estruendosa risa de ella. ¡Vaya noviecita!
-Dean… lo siento, pero…
-Tan sólo hubieras dicho que no te gustó nada. No tienes porque burlarte.
La molestia se marca en sus ojos mientras deja a un lado de Ginny la rosa y el pequeño pergamino con el poema… ¿o es la letra de una canción? Ya ni recuerda. Mira a la pelirroja por unos míseros instantes, sólo para notar que las risotadas callaron por el cojín rojo que está presionando contra su cara. Enrojece aún más su piel morena y sale deprisa de la sala común.
-Dean…
Ignorarla es una gran idea. Sí, la ignorará.
-Dean…
Sigue caminando sin voltear atrás, decepcionado. Y es que esto le pasa por querer ser un novio algo más “detallista” Y por supuesto, para recibir un par de agradecimientos fervorosos por parte de ella.
Todas las chicas se derriten con las rosas, un peluchito de algún estúpido animal, y un poema o canción de cualquier filósofo o cantante de moda… pero al parecer Ginny no… es que ella es…
-¡Dean Thomas!
…una fiera cuando se enoja… así que mejor gira y la encara antes de que la furia Weasley emane de ella en una parranda de gritos por ser ignorada… cosa que odia.
-¡Odio que me ignores!
-Y yo odio que te rías de mí – Se puede sentir cierta decepción y dolor en la voz. Ginny suspira y se acerca a él, con una sonrisa.
-No me estaba riendo de ti.
-Tus risas eran muy evidentes. Creo que medio castillo te pudo escuchar a la perfección.
-Lo siento, pero es que… esa canción… – La joven no evita reír de nuevo.
Dean sabe; Ginevra Weasley no es una chica común y corriente. Es divertida, amistosa, bastante intensa cuando se siente inspirada, fuerte, algo intimidante…. A su edad de quince años, tener una imagen de súper modelo es lo que menos le importa. Ensuciarse en un juego de Quiddicth lo encuentra divertido. No se asquea ante bichitos pequeños y arrastrados, no… ella no es una chica común, es mucho mejor.
-Es que esa canción… demasiado…
-Cursi – Conoce la mayor parte de las características que ella posee, y ahora encuentra inconcebible el hecho de haber olvido que las cursilerías las encuentra tontas, por no decir otra cosa.
-Me encantó el peluche… – Se acerca a él, permitiendo a sus brazos posarse sobre sus hombros. Dean sonríe sin más, adorando aquella posición la cual le permite contar las pecas de Ginny sin equivocación. – La rosa es hermosa, pero… esa canción… – y de nuevo se ríe.
-Lo sé… – La abraza contra su cuerpo, ya con el enojo disipado… o quizá era la vergüenza. – Fue completamente estúpido el haber olvidado que odias ese tipo de cosas.
-No las odio del todo. Pero tanta meloseria me hostiga. – Se pone de puntitas para estar rostro contra rostro. – No es que no me agrade el romanticismo, pero…
-Creo que te entiendo – Sus ojos chocolates lo miran entre pícaros y divertidos. Su interior tiembla y sus vellos se erizan. Estar de esa forma con ella es algo que le provoca agradables oscilaciones en el corazón… y en otras partes de su cuerpo, siendo sincero.
Cuando besa la piel de su mejilla se siente en el cielo… y las cursilerías tipo “The Most Beautiful Girl in the World” Salen a flote desde dentro contra su voluntad. Porque no puede evitar decirle palabras bonitas y empalagosas a su oído mientras ella ahoga su candida risita contra su hombro.
Y es en esos instantes en los que él se da cuenta del gusto algo notorio que la pelirroja siente por sus melosas palabras que destilan miel. Porque puede sentir su piel estremecerse, su aliento al suspirar, y las tiernas caricias en su espalda al abrazar.
No le responde palabra con palabra… pero espera que, en algún punto de su relación, Ginny no tema mostrar algo de cursilería para con él. Es un deseo que pide y una esperanza que espera no sea rota… aunque de eso, no está completamente seguro.